LAS RELACIONES DE AMISTAD EN LA ORGANIZACIÓN

BlogDentro de la organización surgen los vínculos que se establecen entre los gerentes y trabajadores de todo nivel a partir de las relaciones de amistad o de antagonismo, así también surgen los grupos informales que se construyen en base a las interacciones y relaciones humanas entre las personas independientemente de su posición dentro de la organización, pero que surgen espontáneamente por las relaciones humanas que se crean a partir de la estructura formal de actividades de los participantes.

Las relaciones humanas son importantes fundamentalmente por la evolución hacia el éxito, por el empuje necesario que requiere colaboración espontánea y compromiso de los colaboradores para evidenciar en los procesos: eficiencia, eficacia, satisfacción, reputación, ética y control. Algunos problemas que no pueden resolverse dentro de los procedimientos formales encuentran canales propicios en reuniones informales en ambientes internos o externos encontrándose soluciones espontáneas y oportunas a los problemas. El compartir en la hora del refrigerio, en tiempos libres, en los pasillos o cuando se atiende requerimientos produce un efecto motivador que contribuye al crecimiento de la autoestima personal porque lo aleja del anonimato. Estos canales de comunicación son efectivos para mantener informados a los miembros de la organización de todo aquello que les afecta y las propuestas de solución antes que se envíen por los canales formales. Como vemos los mecanismos formales e informales sirven para mantener cohesión y adaptación correcta para la gestión de los procesos, apuntando al logro de los resultados propuestos sin mayor desgaste de energía.

El mecanismo de relaciones humanas que mantiene la dinámica de las relaciones informales dentro de la empresa, como mortero que une las diferentes partes es la amistad, ya que sin ella no se podrá construir un ambiente contenedor o de unión de las personas. La gran escuela de la amistad es la práctica diaria es decir el trato continuo con los que alternamos día a día en el trabajo. El gerente tiene necesidad de sus colaboradores para construir la organización en paz y alcanzar las metas propuestas y para superar las crisis que se dan frecuentemente en forma inesperada; a su vez los trabajadores tienen necesidad de la prudencia del gerente para conducir los destinos de la organización según lo planificado y para consolidar su medio de vida. En esta interrelación de dar y recibir se va construyendo la vida laboral dentro de la organización, con la amistad se mantiene la concordia, base de la unión y requisito para lograr la eficacia y la eficiencia.

Sin embargo, ya desde Aristóteles se distinguían diferentes tipos de amistad: la amistad honesta, la útil y la deleitosa; se entiende que la que debería prevalecer es la primera ya que las dos últimas son interesadas y por lo tanto no corresponden a lo que se llamaría verdadera amistad. De allí el tema es buscar la amistad por esta misma y no por la utilidad o beneplácito que nos dé, pues si fuera así tales amistades serían del momento y fáciles de romper, teniendo en cuanta que dejando de ser útiles tampoco hay por qué cultivarlas.

La principal limitación para desarrollar la amistad surge de la persona misma ya que el ser humano tiene la tendencia innata a referirse a sí mismo: siempre la primera persona es lo más importante y lo que destacamos; somos muy egoístas y esto hay que tenerlo muy en cuenta para poder tener un trato amistoso con los demás, una conducta verdaderamente social, especialmente en el ámbito laboral donde las relaciones humanas por interés acechan. Para que los demás se interesen en lo mío deberé interesarme por los demás: ponerse desde el punto de vista del otro. Incluso ante críticas negativas es necesario ponerse en el punto de vista del otro pensando en las razones que tuvo para criticarme mediante una reflexión sincera que saque al fresco mis propias limitaciones; esto hará crecer mi estima en otros y hasta el respeto por aquellos que miramos con ligereza y desdén.

El compromiso por lo objetivos comunes en la organización se basa en estados de ánimo de optimismo, de alegría por pertenecer a ella y entrega; estando a gusto por lo que se hace y con quien se hace; como respuesta los demás estarán también a gusto tanto así que las relaciones amistosas fluirán positivamente. Si un trabajador no estima a sus jefes y compañeros, desconfía de sus habilidades y duda de sus capacidades, esto se reflejará en el trato y en el reconocimiento de sus cualidades generando predisposición a notar las deficiencias sin generar optimismo por la mejora posible. Alrededor de dichas actitudes negativas se irá formando una oposición sorda, una tensión insoportable entre estos, bloqueando las posibilidades de un buen trato y una influencia enriquecedora del trabajo diario; ante ello no será posible recibir influencias enriquecedoras las que se irán perdiendo hasta convertirse en agresividad; esto como consecuencia incluso de actitudes malévolas.

Esto pasa porque no se ha cultivado actitudes de crecimiento de la mutua estimación que nace de la conversación. Dentro de la conversación lo más fácil no es hablar sino callar.  El que se interesa solo en sí mismo se recrea escuchando su propia voz. A través de la conversación por lo general se busca un desahogo; necesitamos que se nos escuche; lo que queremos es hablar, explicar lo que nos pasa; saber escuchar asegura un camino y a la larga es el que domina. La amistad que influencia más es aquella que muestra mayor paciencia para escuchar. Cuando vamos al médico para una consulta la estrategia es que contemos todos nuestros padecimientos; hablar como nos sentimos para escuchar finalmente la opinión del especialista.

Interrumpir una conversación es una falta de respeto puesto que equivale a decir que no nos interesa lo que está hablando el interlocutor y que tengo algo más interesante que decir. Desde niño se debe aprender al hábito de no interrumpir ya que denota egoísmo, mala educación al margen de cuan instruido sea.

Los signos de amistad se muestran con conversaciones afables, expresando con modestia sus opiniones, así como con respeto hacia el otro, con tacto y delicadeza; sin confundir la sinceridad con la rudeza puesto que dificulta el trato amistoso. Como dicen San Alberto Hurtado S.J: “siempre se debe guardar la caridad y la humildad en la exposición”.

 

 

 

Escrito por Julio Dominguez G.

Julio Dominguez G.

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