OPOSITORES INTELIGENTES DENTRO DE LA ORGANIZACIÓN

Plantilla blog - 1311Para mejorar las competencias gerenciales es imprescindible recurrir al cambio de hábitos para abandonar aquellos que son la causa de no conformidades por otros nuevos que las superen, y permitan la mejora de estos como comportamientos repetitivos que definen individualmente la conducta de las personas y socialmente la cultura de las organizaciones. Esto, en razón de que tales hábitos pueden convertir a las personas en opositores inteligentes para la ejecución de lo planificado dentro de la organización de forma inconsciente. Para dejar antiguos hábitos e instalar otros nuevos y más convenientes, se requiere romper con la inercia conductual que tienen establecidas las personas o los grupos como antiguos hábitos profundamente arraigados, sean estos generados desde el ambiente familiar, social u organizativo; actuando de forma similar a la fuerza de la gravedad que atrae la caída de los cuerpos en el espacio. En consecuencia, el cambio en las personas demanda la necesidad de aplicar energía similar a la que utiliza un avión para vencer la fuerza de gravedad en el despegue; la persona o el grupo que quiere cambiar hábitos arraigados tiene que aplicar voluntad y perseverancia como una fuerza mayor para desprenderse de estos a fin de que no interfieran la ejecución de las acciones; por lo que se necesita aplicarlos para generar nuevos aprendizajes; convirtiéndose en una nueva aptitud generada como integración de conocimientos, actitudes y habilidades.  

En las organizaciones, los hábitos de gerentes y colaboradores acompañan y sustentan la ejecución contribuyendo a obtener resultados o alejarnos de ellos; son lo motivadores de la mayor parte de las situaciones que se enfrentan, se inicia con el aprendizaje y continúa con la práctica permanente hasta lograr la automatización de las acciones. Los malos hábitos arrastran conductas perjudiciales para la ejecución; muchas veces se atribuye la aparición de no conformidades a la deficiente planificación de actividades sin buscar profundamente en los hábitos de las personas, que por efecto de los mismos, se convierten en opositores inteligentes que interfieren la ejecución de acciones y por tanto, el alcanzar los resultados esperados.

Entre los hábitos negativos que se observan en las organizaciones y que deben ser identificados por la gerencia están:  hacer uso de las mentiras o medias verdades, presentar trabajos sin cumplir los plazos estipulados, ejecución de acciones u operaciones de forma improvisada y con descuido, impuntualidad, falta de atención o concentración en el trabajo,   falta de integración con los colaboradores y compromiso con los objetivos para un eficiente trabajo en equipo, pérdida de control por no saber trabajar a presión, hablar sin reflexionar, ocuparse de la privacidad de los colaboradores, falta de modales para pedir las cosas y cordialidad al interactuar, falta de priorización de las tareas, falta de orden y limpieza en el ambiente de trabajo, aceptar responsabilidades que no se pueden cumplir, fomentar cadena de rumores y chismes, el señalamiento sin pruebas, las acusaciones infundadas, deslealtad, falta de higiene y aseo personal, preguntarse en relación a otros: ¿Por qué él y no yo?; y otros que perjudican la productividad y la eficacia en el trabajo por efecto de la acción de comportamientos repetitivos producto de hábitos arraigados en las personas.

Los buenos hábitos acompañan y sustentan la ejecución contribuyendo a obtener resultados o incurrir en no conformidades; son lo motivadores de la mayor parte de las situaciones que enfrentamos; se inicia con el aprendizaje y continúa con práctica perseverante hasta lograr la automatización de las acciones. Por ejemplo, si un gerente tiene el hábito de la diligencia, actuará rápidamente en relación al cumplimiento de las regulaciones, planes u órdenes que le sean encomendadas actuando con prontitud, eficiencia y eficacia; por su parte los gerentes descuidados dejan para mañana lo que pueden hacer de inmediato; constantemente se les reclama dar trámite a los documentos y tienen un patrón de actuación lento sin hacer las cosas a tiempo reiteradamente; es posible que el hábito de poner por delante los intereses particulares generare esta situación. De allí que los gerentes diligentes impulsen el éxito de las organizaciones y los descuidados, al fracaso, y con ello a todo su equipo. Es decir, los buenos hábitos ponen el mundo a los pies de los gerentes, los malos causan su fracaso.

La gerencia en la sociedad del conocimiento requiere el cultivo de nuevos hábitos que respondan a dicho nuevo contexto que exige una nueva mentalidad, nuevas competencias y herramientas; requiere un esfuerzo que nos aparta de nuestra zona de comodidad que son delimitadas por hábitos arraigados; con esfuerzo y uso de energía adicional. Es un desafío que exige respuesta a través de un cambio de hábitos.

Para que el cambio de hábitos ocurra se deben identificar aquellas formas de actuación como las descritas anteriormente ya que retrasan la ejecución del trabajo, generando insatisfacción en los demás; incluyen también, por ejemplo, acciones tan sencillas como interrumpir cuando otros están hablando, excederse en los razonamientos verbales, no resolver los asuntos encargados, no tomar decisiones rápidas, que incluso son expresadas indirectamente, a  modo de broma por nuestros colaboradores y directivos.

El proceso de cambio de hábitos se inicia analizando detenidamente nuestro actuar diario, identificando errores desde uno mismo o preguntando a los colaboradores en relación a los comportamientos que no contribuyen al bien de todos. En tal sentido, hay que centrar nuestra observación en la reacción de los demás respecto a nuestros comportamientos generando un enfoque hacia el otro para identificar las necesidades de cambios en actitudes y comportamientos, por ende su abandono; estando totalmente predispuestos al cambio de comportamientos, siendo conscientes del desgaste emocional que conllevan estos.  Teniendo en claro la actitud que queremos superar descubriremos el hábito que quisiéramos incorporar a partir de una reprogramación interna y una práctica constante y por el tiempo que sea necesario hasta que se convierta en un comportamiento automático; ello implica un proceso de ensayo-error constante. Los tiempos para desaprender los antiguos hábitos e instalar otros nuevos más convenientes no son uniformes porque a su vez están condicionados por el contexto; si la cultura del grupo no es favorable se hace más difícil instalar nuevos hábitos que están a contracorriente a los del grupo.

Escrito por Julio Dominguez G.

Julio Dominguez G.

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